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  • Una de las grandes consecuencias de la II Guerra Mundial

    2018-10-22

    Una de las grandes consecuencias de la II Guerra Mundial fue la ulterior Declaración Universal de Derechos Humanos, desarrollada y escrita por profesores, abogados y políticos, muchos de ellos latinoamericanos. Esta acción ha inspirado una agenda global de derechos humanos y ha creado una plataforma que permite novel las personas en todo el mundo defender sus derechos políticos y civiles como derechos humanos universales. Como argumentan autores como Sonia Cárdenas y Edward Cleary, Latinoamérica tiene una trayectoria peculiar en la defensa de los derechos humanos debido en parte a los altos niveles de abuso y a la existencia de varias organizaciones influyentes en la región (Cárdenas, 2010; Cleary, 2007). Aunque los derechos sexuales no siempre han sido reconocidos como derechos humanos por las Naciones Unidas, activistas LGBT en México y por todo el mundo se han apropiado del discurso desde la década de 1960. La estrategia política adoptada por el movimiento mexicano ha dependido del contexto político de la época en cuestión. Mientras que los y las activistas lesbianas y homosexuales mexicanos han utilizado por largo tiempo el discurso de los derechos humanos para condenar la represión —que no se limita al acoso policial, la intimidación, el chantaje y la violencia contra integrantes de la comunidad LGBT—, en las décadas de 1970 y 1980 emplearon una política internacionalista e izquierdista para condenar la represión y reclamar la democracia. Con la implementación de los mecanismos de derechos humanos a finales de 1980 por parte del estado mexicano se dio un cambio en los parámetros con que los y las activistas LGBT usaron el mismo discurso. Desde el comienzo de su proceso de organización política en 1978, las organizaciones mexicanas lésbicas y homosexuales han conceptualizado su movimiento como internacional, solidarizándose con luchas revolucionarias en Centroamérica y apoyando las luchas de lesbianas y gays de izquierda en otras partes del mundo. Utilizando la diferenciación del historiador David Churchill, sostenemos que la ideología del movimiento de lesbianas y homosexuales de la Ciudad de México durante este periodo estuvo basada principalmente en un “internacionalismo de izquierda”, que distinguimos del “internacionalismo liberal”. El primero aboga por políticas socialistas como un medio de transformación de la vida diaria, mientras que el segundo es un discurso basado en el derecho y los conceptos de ciudadanía global (Churchill, 2009). Parece ser que hacia 1991, cuando la ILGA se reunió en México, las principales estrategias de las organizaciones mexicanas de lesbianas y homosexuales estaban basadas más frecuentemente en nociones de internacionalismo liberal. Mientras que el activismo lésbico-homosexual exigía que el gobierno mexicano salvaguardara sus derechos humanos, garantizados por los nuevos entes estatales, las organizaciones políticas conservadoras y religiosas como Pro-Vida desafiaban la mera noción de que lesbianas y gays poseyeran derechos humanos y reclamaban sus propios derechos humanos a phloem la “expresión cultural y ética” (Comité Nacional Pro-Vida, A.C., 1991). Por tanto, al utilizar el discurso de los derechos humanos y apelar a la noción de ciudadanía, los activistas buscaban su inclusión dentro del estado, así como la protección por parte del mismo. El hecho de que el activismo utilizara tal discurso durante la planeación de la conferencia de 1991 de la ILGA ilustra la cambiante naturaleza de la política lesbiana y homosexual bajo un estado neoliberal y progresivamente más democrático, en contraste con un estado autoritario.
    Organización temprana por la liberación lésbica y homosexual En las décadas de 1970 y 1980, activistas lesbianas y homosexuales generalmente utilizaron el discurso de los derechos humanos en defensa de los perseguidos políticos y para exigir un alto al régimen autoritario. Mucho del activismo lésbico y homosexual no solamente militaba doblemente en la izquierda mexicana, sino que también participaba activamente en la organización internacional por la liberación de lesbianas y gays, forjando redes en las cuales se ofrecía y buscaba la solidaridad. En 1979, a expresa invitación, cuatro integrantes del Grupo Lambda de Liberación Homosexual de la Ciudad de México viajaron a Washington D.C. para participar en la Marcha Nacional por los Derechos de las Lesbianas y Homosexuales, como integrantes de la representación del caucus del Tercer Mundo. Juan Jacobo Hernández Chávez, del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR), otro de los grupos basados en la Ciudad de México, también participó en la manifestación y en la conferencia, durante cuyo transcurso nació la Coalición de Lesbianas y Homosexuales Latinoamericanos (Mejía, 1979, p. 5). Claudia Hinojosa, una de las fundadoras de Lambda, reflexiona sobre la importancia de este hito: